Claves GTD. Clave 2: El llamado “Efecto Zeigarnik”

Otra de las claves del método GTD deriva del llamado Efecto Zeigarnik. Explicamos antes de nada en qué consiste:

El Efecto Zeigarnik debe su nombre a Bluma Zeigarnik, la psicóloga rusa que lo describió a principios del siglo XX. Su descubrimiento se debió a una observación casual: Bluma detectó que, en las terrazas a las que solía acudir, los camareros tenían una sorprendente capacidad para retener las comandas que les acaban de dictar; sin embargo, una vez servidas, las olvidaban y, cuando intentaba pagarles, había que repetirles las comandas consumidas. Esta divergencia en la memorización de aquello que estaba “pendiente de atender” y de lo que, en cambio, “ya había sido atendido”, fue lo que suscitó su investigación.

Después de una serie de ensayos, Bluma detalló la clave del fenómeno que había observado, lo que en la actualidad se conoce como Efecto Zeigarnik: las tareas pendientes de resolver generan en la mente una ansiedad que sólo se mitiga cuando se les dio una respuesta satisfactoria. Para una autogestión organizada y productiva esto tiene diversas implicaciones, pero ahora nos centraremos sólo en una: la necesidad recopilar y procesar adecuadamente todo lo que tenemos en mente y respeto a lo cual sentimos que tenemos algo pendiente de efectuar. En caso de no hacerlo, y aunque nosotros no queramos, estos asuntos pendientes generarán en la mente una ansiedad que interferirá con aquello que tenemos entre manos “aquí y ahora” (es decir, que perderemos enfoque: capacidad de “estar a lo que estamos”). El método GTD (además de otras técnicas de productividad personal basadas en listas de tareas organizadas) tiene la virtud de mitigar esa ansiedad, pues indica como recopilar, organizar y planificar de modo adecuado cualquier asunto por atender para introducirlo en una estructura lógica, fácil de emplear y fiable.

En resumen de lo expuesto, subrayar que el método GTD es efectivo porque, entre otras razones, permite descargar nuestra mente de multitud de recordatorios que, si no se gestionan en una memoria externa, generan estrés y dificultades de concentración. Por eso ya Albert Einstein señaló en su día que “es absurdo llevar en cabeza lo que se puede llevar en un bolsillo”.

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