Claves GTD. Clave 1: La consecución de enfoque

Algo tan sencillo como una suma (4857409+947675=?) resulta mucho más fácil de efectuar si nos apoyamos en un sistema externo (lápiz y papel, por ejemplo) que si lo hacemos “de memoria”. Esto se debe a la que nuestra memoria explícita tiene una capacidad de manejar elementos en paralelo muy limitada, de modo que, si para la suma anterior, nos obligamos a hacerlo todo “de memoria”, ralentizamos el proceso, pero si nos ayudamos de un soporte externo (papel), al no tener que memorizar los datos que se van obteniendo, operamos con mucha mayor agilidad.

Sin embargo, y a pesar de que este fenómeno es de todos conocidos, no es habitual que nos apliquemos el cuento al resto de nuestros quehaceres. Bien al contrario, lo habitual es que llevemos en mente montones de asuntos por atender y que, en vez de volcarlos en un sistema externo, los retengamos en mente, con lo que, sin pretenderlo, nos auto-provocamos un problema de concentración que nos vuelve más lentos y reduce nuestra capacidad resolutiva. Esta es la razón por la que del GTD se dice que constituye “un disco externo complementario para tu cerebro”. La consecución de agilidad mental y operativa es, pues, uno de sus objetivos. Y las listas de tareas, la herramienta central.

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