Las sencillas claves de la productividad personal

Uno de los errores en los que incurre eso que suele llamarse “formación reglada” es que dedica mucho tiempo a formar técnicamente para el trabajo, pero poco, o nada, a enseñar cómo afrontar este de modo eficiente (al igual que se indica qué estudiar, pero pocas veces cómo). Es por esto que el término productividad suele estar rodeado de nociones equivocadas. Contra lo que suele creerse, ser más productivo no es algo que requiera necesariamente más esfuerzo ni que exija una renuncia al ocio, sino que puede conseguirse con solo aplicar una serie de sencillos principios que, pese a su sencillez, solemos desconocer. Estos que son algunos de ellos:

Céntrate en ser productivo, no en estar ocupado

Es habitual tratar esos términos como si fuesen sinónimos, pero en realidad, ser productivo y estar ocupado son cuestiones muy diferentes. La ocupación apenas hace referencia al hecho de mantenerse activo, de realizar algo, sin incorporar la noción de qué es eso con lo que nos ocupamos. Ser productivo, sin embargo, implica ser consciente de en qué decide uno ocuparse, escogiendo en aquello que para nosotros (nuestros objetivos, nuestras metas vitales) resulta más relevante. Como decía Thoureau:

No es suficiente estar ocupado, también lo están las hormigas. La pregunta es, en qué estamos ocupados.

Si uno debe ahondar en su tesis doctoral, preparar un examen o continuar con su novela y, en vez de abordar esas tareas, escoge resolver otras menores o menos exigentes, se está manteniendo ocupado, en efecto, pero nunca finalizará su día sintiendo que esa fue una jornada productiva (porque ni la tesis, ni la preparación del examen ni la novela habrán avanzado como deberían). Por eso, y contra lo que se suele creerse, el principal principio de la productividad no consiste en disponerse a hacerlo todo, ni en trabajar sin descanso, sino en centrar la actividad en lo importante.

Ante todo, concentración

La productividad tampoco requiere un nivel de actividad febril, sino que remite más bien a un estado de sosiego y concentración. Se trata de escoger la tarea principal que tenemos por delante y después dedicarle a ésta, consciente y deliberadamente, toda nuestra atención. La concentración es -no lo olvidemos- nuestro principal recurso. Como dijo Dickens, se trata de “hacer cada cosa como si no se hiciese nada más”.

Un tiempo para cada cosa

Este principio complementa al anterior. Estar concentrado es imposible si uno trabaja y, al mismo tiempo, atiende el correo electrónico, responde wasaps y, simultáneamente, usa sus redes sociales. No se trata de abandonar estas actividades, sino de impedir que las mismas nos lleven a estar constantemente en un estado de baja concentración, con continuos cambios de foco atencional, algo que, además de improductivo, resulta agotador para nuestro cerebro. Por poner un ejemplo, es más inteligente centrarse una hora en la tarea y después dedicar media a las redes sociales, que estar hora y media con la tarea y al mismo tiempo con las redes sociales. Mejor siempre un tiempo para cada cosa.

Una sola cosa cada vez

Otra vez el principio engarza con los anteriores. Tener ante nosotros varios frentes abiertos es uno de los errores en los que incurrimos más habitualmente. Es lo que en psicología se denomina multitasking, o multitarea: el hábito de tratar de resolver varios temas al mismo tiempo. Esta manera de proceder produce una falsa sensación de efectividad: como atendemos a varias cosas a la vez, creemos resolveremos más asuntos. Sin embargo, todos los estudios efectuados al respeto señalan justo lo contrario: tratar de resolver varias tareas simultáneamente hace que finalizarlas ocupe alrededor de un 40% más de tiempo del que implicaría hacerlas sucesivamente, primero una y después la otra. La clave es que concentrarse no es un proceso inmediato, a la mente le lleva entre 10 y 15 minutos conseguirlo, así que ese continuo cambio de foco de atención, además de estresar a nuestro cerebro, provoca baja concentración y menos rendimiento. Como decía Antoine de Saint-Exupery:

El campo de la consciencia es minúsculo. Solo acepta un problema a la vez.

Por lo tanto, si quieres ser productivo, haz una sola cosa cada vez.

Céntrate en empezar

Otra de las cosas en las que solemos confundirnos es que, antes de ponernos manos a la obra, pensamos en lo dificultoso que va a resultar finalizar eso que tenemos ante nosotros (especialmente cuando se trata de una actividad altamente exigente). El cambio de chip que conviene efectuar consiste simplemente en dejar de pensar en finalizar y centrarse en comenzar. Cualquiera que alguna vez saliese a correr, a hacer ciclismo otro a practicar otro deporte, sabe muy bien que el único momento en el que resulta difícil es cuando uno está en el sofá preguntándose si hacerlo o no: en cuanto se calzó las zapatillas y se puso en marcha, en cambio, todo resulta más fácil, como si la propia actividad lo llevase en brazos. El mismo principio sirve para cualquier tipo de actividad: es mientras nos resistimos a arrancar cuando la cosa parece ardua; una vez activados, por el contrario, todo resulta más sencillo. Por eso es mejor pensar en comenzar, partiendo de la premisa que eso es el único que realmente cuesta, y después dejar que la actividad fluya. Así que, sea lo que sea, piensa que el único que tienes que hacer es comenzar, ¡sólo comenzar!

Aplica el “mantra de la efectividad”

De ese modo, “mantra de la efectividad”, es como se suele denominar una frase en la que quedan resumidos los principios expuestos. ¿Queréis sacar más provecho de vuestro tiempo? ¿Ser más productivos? ¿Estar más satisfechos con lo que conseguís resolver cada día? La clave es aplicar el mantra: “Una cosa cada vez, la más importante primero, empieza ahora”. Sin más.

 

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