El poder de los límites. Organizándonos mejor en base a los principios de la simplicidad

Una de las características derivadas de la conectividad global surgida en las últimas décadas fue que nos llevó a estar de manera casi constante en un estado de saturación informativa (novedades, newsletters, correos, noticias, spam, llamadas, anuncios, wasaps, avisos de mensaje de diferentes redes sociales, más novedades…). Esta conectividad nos aportó múltiples beneficios y comodidades (no olvidemos el lío en el que te veías metido no hace tanto cuando se te averiaba el coche de noche en una carretera alejada), pero también nos generó algunas dificultades. Entre otras, el hecho de la mente necesita calma, concentración y enfoque para desplegar su potencial y, en la actualidad, esto puede no resultar fácil. Constituye pues toda una paradoja que la información, en exceso, acabe provocando síntomas parecidos a su carencia: en un caso, puedes no disponer de datos clave y, en el otro, por exceso, te ves saturado y no eres capaz de procesarla, con lo cual estás en una situación muy similar. He aquí es donde los principios de la simplicidad y el minimalismo pueden ser de gran ayuda a la hora de recuperar el enfoque y la concentración.

Simplicidad como camino hacia una mejor organización

Leo Babauta, creador del blog Zen Habbits, y autor de libros como Focus o El poder de lo simple, es quien con mayor énfasis está destacando el camino de la simplicidad como la manera correcta de organizarnos dentro del marasmo informativo contemporáneo. Una de las consecuencias de este exceso es que deriva en la necesidad  continua de filtrar entre múltiples opciones, alternativas y posibilidades. ¿Qué hacer ahora? ¿A qué curso asistir? ¿Qué libro leer? ¿Qué proyecto emprender? Como no podía ser de otro modo, la simplicidad aporta un consejo de ejemplar sencillez: elige lo esencial y desentiéndete del resto.

Eligiendo lo esencial

El problema de elegir lo esencial es que, como tantos otros consejos, resulta más fácil de decir que de materializar. Todos hemos oído sugerencias similares en miles de ocasiones, pero casi nunca acompañadas de una metodología clara y definida para hacerlo. Aquí es donde Babauta hizo una de sus más valiosas aportaciones: dar indicaciones claras y precisas sobre cómo se debe proceder para conseguirlo. A continuación trataremos la principal.

Fija límites en todo lo que hagas

La cultura popular tiende a exaltar la idea de vivir sin límites, un concepto que, aunque bien intencionado, peca de cierta candidez adolescente, pues presupone que carecer de estos es necesariamente positivo, cuando la realidad es más bien la contraria. Aquello que carece de límites se vuelve disperso, poco concentrado, y disipa su poder al igual que los tintes pierden color a medida que se diluyen. El establecimiento de límites, sin embargo, suscita el efecto contrario; de ahí que el láser (que solo es un haz de luz concentrado) posea capacidades de las que carece la luz corriente. Mejor por lo tanto olvidarse de tan ingenuos lemas y tener claro que, hagas lo que hagas, conviene fijar límites, porque su establecimiento, al circunscribir nuestra atención, tiende también a potenciar nuestras capacidades.

Estableciendo límites positivos

Para visualizar como los límites nos pueden ayudar a escoger lo esencial y descartar el resto, pocos ejemplos resultan más ilustrativos que el de las compras. Hacerlo sin un límite de gasto es la manera ideal de terminar efectuando adquisiciones inútiles o absurdas; si acotas mucho lo que te vas a permitir gastar, por el contrario, te aseguras de solo adquirir aquello que realmente necesitas y de renunciar a lo demás. Y la misma lógica se puede aplicar a las restantes facetas.

En cualquier área en la que se quiera mejorar, el establecimiento de límites constituye una herramienta de suma utilidad. ¿El correo electrónico te roba demasiado tiempo? Limita las veces que lo revisas y el tiempo que le dedicas, así solo atenderás aquellos que realmente son importantes para ti. ¿Tienes que hacer un determinado trabajo pero recopilaste tanta información que no eres capaz de procesarla? Limita el número de documentos que vas a leer (dos o tres), y así te centrarás exclusivamente en los que consideres mejores y podrás ahondar nos mismos, en vez revisarlos todos solo de manera superficial. ¿Te fijas docenas de objetivos, pero después no eres capaz de materializarlos? Limita los que asumes simultáneamente (uno o dos, a lo sumo) y así se incrementarán las posibilidades tanto de que los consigas y como de que te centres en los más relevantes para ti. He ahí el poder de los límites.

En resumen

En próximos artículos seguiremos hablando de los principios de la simplicidad aplicados a la organización personal. Respeto al tema de hoy, apenas recordar que la simplicidad constituye un poderoso principio de organización, cuya clave fundamental es elegir lo esencial y descartar el resto, y que este enfoque en lo esencial se consigue fijando límites en todo lo que se hace.

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